El cocido madrileño es el plato que lleva el nombre de Madrid y fue elegido para representar a la comunidad en la serie de sellos de Correos con la Real Academia de Gastronomía. En 2026, el gobierno regional lo declaró Bien de Interés Cultural en la categoría de patrimonio inmaterial, como plato, técnica y costumbre social que acompaña desde hace generaciones la vida de las familias, de los grupos de trabajo y del vecindario.
La base es el garbanzo, cocido lentamente en agua con carnes y embutidos: morcillo de vaca, lacón o jamón, tocino, a veces pollo, chorizo y morcilla, además de papa, zanahoria y col. Muchas casas añaden el relleno, una bola de pan, ajo, perejil y huevo que se cuece en el caldo.
La forma de servir es lo que lo distingue. El cocido llega a la mesa en vuelcos, nombre que viene de volcar la olla para servir cada parte. Lo más común son tres: primero la sopa, con el caldo y fideos; luego los garbanzos con las verduras; por último, las carnes y los embutidos. Hay establecimientos que sirven en dos o incluso cuatro vuelcos.
Según la Comunidad de Madrid, la olla podrida se considera un antecedente del plato, citada en textos de los siglos XVI y XVII, y el nombre cocido se usa desde hace más de 150 años. Se consolidó en las fondas y casas de comida del siglo XIX, y varias tabernas antiguas de Madrid lo sirven todavía hoy. Con lo que sobra, se hacen croquetas y la ropa vieja.