Las patatas a la riojana son el plato que lleva el nombre de La Rioja y el elegido para representarla en la serie de sellos de Correos con la Real Academia de Gastronomía. La guía gastronómica del turismo riojano lo presenta como receta tradicional de la comunidad, sin ciudad de origen: un plato del campo, de los trabajadores de las viñas y de las huertas.
El secreto está en el corte. Las patatas no se filetean de punta a punta con el cuchillo: se inicia el corte y se parte el trozo, lo que se llama chascar o cascar. La superficie irregular libera almidón durante la cocción y espesa el caldo.
En un sofrito de cebolla, ajo y pimiento, se incorpora el chorizo riojano en rodajas, protegido por indicación geográfica, el pimentón y la pulpa del pimiento choricero. Las patatas se cuecen en ese fondo, cubiertas de agua, hasta quedar tiernas y el caldo espesar.
El plato llega a la mesa en cuenco o plato hondo, con bastante caldo y pan para mojar. Es comida sencilla, muy habitual en los bares y casas de comida de Logroño y de las ciudades del vino.