El bocadillo de calamares es el bocadillo más asociado a Madrid. El organismo de turismo del ayuntamiento, esMadrid, lo presenta como icono gastronómico de la ciudad, ligado a los bares de las calles alrededor de la Plaza Mayor, donde se sirve en la barra, envuelto en papel.
La receta es breve. El calamar se corta en anillos, se pasa por harina, a veces también por huevo, y se fríe en aceite de oliva muy caliente. Los anillos, aún crujientes, se colocan dentro de un pan de barra, abierto por la mitad, sin otro relleno. Hay quienes añaden mayonesa o un poco de limón, pero la versión tradicional es seca.
La presencia de un plato de calamares en una ciudad alejada del mar suele explicarse por la antigua red de transporte de pescado hacia la capital y por los días de abstinencia de carne, cuando el pescado frito era la opción económica. Son explicaciones populares, sin fecha de origen conocida.
Se come de pie, con una cerveza o un refresco, a cualquier hora del día. Es comida para llevar mientras paseas, de quienes recorren el centro histórico, y también aparece en los bares de barrio y en las estaciones.