El Baumkuchen, ‘pastel‑árbol’ en alemán, se hornea de una manera única. Un rollo de madera o metal gira frente al fuego, y el pastelero vierte sobre él, con un cucharón, una capa fina de masa de huevos, mantequilla, azúcar y harina. Cuando la capa se dora, se añade otra encima, y así sucesivamente. Al final, el pastel sale del asador, hueco por dentro, con la superficie irregular y llena de puntas. Cortado, muestra anillos como los de un tronco.
El Baumkuchen existe en otras partes de Alemania y del mundo, y Berlín fue el primer gran centro de este pastel en el siglo XIX. Salzwedel, en la Altmark, se convirtió en una de las ciudades más ligadas a él. Según la especificación europea, el confitero Johann Andreas Schernikow horneó el primer Baumkuchen de la ciudad en 1807, y el pastel impresionó al emperador Guillermo I en una visita a Salzwedel en 1865. La ciudad pasó a suministrar Baumkuchen a la corte, y las confiterías de Salzwedel mantienen la tradición hasta hoy.
Desde 2010, el Salzwedeler Baumkuchen es una indicación geográfica protegida de la Unión Europea. Para llevar el nombre, el pastel debe hornearse en Salzwedel, con la masa aplicada a mano con cucharón, en un asador giratorio, y sin peines para alisar la superficie. Por eso cada Baumkuchen de Salzwedel tiene una forma propia, con las puntas irregulares que son la marca del pastel.
Rara vez se sirve entero: un pastel puede medir hasta 90 centímetros de altura. Se vende en anillos cortados de varios tamaños, en puntas pequeñas y en barras, al natural o cubierto de chocolate o glaseado. Algunas confiterías de la ciudad muestran la preparación frente al fuego, y la Tourist‑Information informa cuándo se realizan las demostraciones.