Las enchiladas potosinas son diferentes a las enchiladas de otros estados. En lugar de bañar la tortilla ya hecha en una salsa, aquí el chile va dentro de la propia masa: la masa de maíz nixtamalizado se mezcla con chile seco molido y queda roja. Con ella se hacen tortillas pequeñas, rellenas de queso fresco y cebolla, dobladas en media luna, cerradas en los bordes y pasadas en el comal.
El decreto del Congreso de San Luis Potosí que las protege señala como creadora a Cristina Jalomo, nacida en 1874 en Soledad de Graciano Sánchez, entonces un poblado vecino de la capital. La tradición cuenta que ella mezcló la masa con chile por accidente y empezó a vender las enchiladas en la plaza del pueblo en días de fiesta y los domingos, y que gente de la capital comenzó a ir hasta allí para probarlas.
En 2016, el estado declaró a la enchilada potosina, con origen en Soledad de Graciano Sánchez, patrimonio cultural inmaterial de San Luis Potosí y reconoció al municipio como su cuna. Soledad realiza una feria nacional dedicada a las enchiladas.
Las enchiladas potosinas se sirven solas o con cebolla, aguacate, crema o queso, y aparecen en el desayuno, en el almuerzo y en los puestos callejeros.