La colada morada es una bebida espesa, servida caliente, de color morado oscuro. La base es la harina de maíz morado, o negro, disuelta y cocida en agua aromatizada con canela, clavo, pimienta de Jamaica y hierbas como cedrón, cidrón, hojas de naranja y de murta. Para dar color y sabor se añaden frutas: mortiño, un arándano andino, mora, fresa, piña, naranjilla y, en muchas recetas, babaco. Se endulza con azúcar o panela. Cada familia tiene su lista de ingredientes, y la preparación lleva horas.
La colada no viene sola. Se acompaña de las guaguas de pan, panes dulces con forma de niño enpañado; guagua significa niño en kichwa. Las guaguas se decoran con glaseado colorido y rostros pintados, y muchas están rellenas de mermelada o dulce de guayaba. Panaderías de todo el país llenan sus vitrinas con ellas en las semanas de octubre y noviembre.
La tradición surge del encuentro entre los ritos andinos y la colonización. Según registros del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) y del Museo Nacional del Ecuador (MUNA) citados por la prensa ecuatoriana, los pueblos andinos llevaban comida y bebida a los difuntos, y la colada y las guaguas surgieron para reemplazar esas ofrendas después de que la Iglesia las prohibiera en el periodo colonial. El historiador Julio Pazos Barrera, de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, estudió ese proceso, y un artículo de 2023 publicado por la Pontificia Universidad Católica del Perú reconstruye la historia de la bebida en archivos y muestra cómo se convirtió en un elemento de identidad nacional, también entre ecuatorianos que viven fuera del país.
El 2 de noviembre es el Día de los Difuntos. Muchas familias visitan los cementerios, llevan flores y, en algunas comunidades andinas, todavía comen junto a las tumbas. En las casas, la colada se prepara en grandes ollas y se reparte entre parientes y vecinos. La bebida se consume en todo el país, desde la sierra hasta la costa y la Amazonía, y empieza a aparecer en cafeterías y panaderías semanas antes de la fecha.