El kanelbulle es el acompañamiento más tradicional de la fika, la pausa para el café con algo dulce que forma parte de la rutina en Suecia, en casa y en el trabajo. Es un pan de masa fermentada, enriquecida con leche, mantequilla, azúcar y cardamomo molido, extendida en una lámina, untada con una pasta de mantequilla, azúcar y canela, enrollada y cortada en rebanadas o torcida en nudos.
Tras levar, los panes se pincelan con huevo y se cubren con pärlsocker, el azúcar en gránulos blancos que no se derrite en el horno. El cardamomo en la masa y el azúcar en gránulos en la superficie le dan al kanelbulle sueco un sabor y una apariencia distintos de los panes de canela de otros países.
Según el Hembakningsrådet, entidad sueca dedicada a la panificación casera, el kanelbulle ya era común en las panaderías en la década de 1920, pero solo se convirtió en un dulce hecho en casa en los años 1950, cuando los ingredientes se volvieron más accesibles.
En 1999, al cumplir 40 años, el Hembakningsrådet creó el Kanelbullens dag, el día del kanelbulle, celebrado el 4 de octubre. La fecha, elegida en otoño para no coincidir con otras fiestas de comida, pronto entró en el calendario sueco, y panaderías, cafés y hogares de todo el país hornean y venden kanelbullar ese día.