La spettkaka es uno de los dulces más antiguos y laboriosos de Suecia. El nombre proviene de spett, espetón: la masa líquida, de huevos, azúcar y fécula de papa, se vierte en hilo sobre un cono o espetón que gira despacio frente al calor. Cada capa necesita hornearse y secarse antes de recibir la siguiente, y el pastel va creciendo en forma de cono, con una superficie llena de puntas y calados.
Hay registros del dulce en el siglo XVII, incluso de su servicio en la corte sueca. En el siglo XIX, la spettkaka se volvió un postre común en las celebraciones del sur de Suecia, probablemente porque la región tenía abundancia de huevos y papas. Pasteles asados en espetón existen en otros países de Europa, pero en Suecia la tradición quedó vinculada a Escania.
Antiguamente, el pastel se asaba ante fuego abierto. La técnica sigue siendo manual y exige práctica: la masa debe caer en el punto justo para formar las puntas, y el pastel entero tarda horas en estar listo. Al final recibe un glaseado blanco o rosa, aplicado en dibujos decorativos. El oficio se mantiene en un pequeño grupo de panaderías de Escania, muchas con recetas guardadas en secreto.
Desde 2000, el nombre Skånsk spettkaka cuenta con protección de indicación geográfica en la Unión Europea, solicitada por las panaderías de la región: solo puede llevarlo el pastel hecho en Escania según el método tradicional.
Por ser seco y quebradizo, el pastel es sensible a la humedad y está mejor fresco. En la mesa se corta en cuadros que parecen ventanas, abiertos en la pared del cono, y, por tradición, la punta superior se deja para el final.