La Limburgse vlaai es una tarta redonda y dulce, de masa fermentada fina y relleno generoso, horneada hasta dorarse. El relleno puede ser de fruta, como cereza, albaricoque, ciruela o manzana, de pudín de arroz (rijstevlaai), de crema, de sémola o de queso fresco, o una combinación. Encima, a menudo lleva una rejilla de masa o un crumble de azúcar y mantequilla.
La tradición es antigua en las dos Limburgos, la neerlandesa y la belga, provincias vecinas que comparten el mismo nombre. La televisión pública flamenca sitúa su origen al menos en el siglo XII. Durante mucho tiempo fue un lujo reservado a los días de fiesta; hoy es el dulce de cumpleaños, reuniones familiares y visitas, presente en las panaderías de toda la provincia.
En enero de 2024, la Comisión Europea registró la Limburgse vlaai como Indicación Geográfica Protegida, tras un proceso de más de siete años impulsado por los Países Bajos y Flandes. Solo puede llevar ese nombre la vlaai horneada en las provincias de Limburgo, en los Países Bajos y en Bélgica, conforme a las reglas del pliego de especificaciones. Entre ellas: masa de como máximo alrededor de un centímetro después de horneada, venta hasta el día siguiente a la producción, sin congelar y sin nata montada por encima.
Un dicho limburgués resume el ideal: dun van leer, dik van smeer — masa fina, relleno grueso. La fruta puede proceder de fuera de la región; lo que la protección garantiza es el lugar y la forma de elaboración.
La vlaai se vende entera o en porciones, y el tamaño más común sirve a una familia. En Limburgo es habitual llevar una vlaai como regalo cuando se visita a alguien.