La Goudse stroopwafel es una galleta de waffle fina y redonda, horneada en una plancha cuadriculada, cortada por la mitad mientras aún está caliente y rellena con un jarabe hecho de sirope, azúcar, mantequilla y canela. El jarabe une las dos mitades y queda blando y elástico, mientras el waffle permanece crujiente.
La historia la relata el Kenniscentrum Immaterieel Erfgoed Nederland, que inscribe en el inventario nacional el oficio de hornear siroopwafels en Gouda. Hacia 1800 era una galleta barata, hecha con restos de masa y migas de las panaderías y vendida por la puerta trasera. Las primeras versiones unían dos galletas con jarabe; después los panaderos empezaron a hornear la masa en la plancha y cortarla. Varias fuentes citan la panadería Kamphuisen, en Gouda, como una de las primeras en hacer la galleta.
Gouda llegó a tener decenas de panaderías de stroopwafel. Hoy quedan algunas, vinculadas a familias tradicionales, y parte de ellas recibe visitantes y muestra la elaboración artesanal, desde la masa amasada hasta el jarabe esparcido en el waffle abierto. El ayuntamiento incluyó la stroopwafel en sus planes para la ciudad, y cada año, el último sábado de junio, la ciudad celebra el día de la stroopwafel.
La ortografía varía según el fabricante: siroopwafel es la forma tradicional en Gouda, y stroopwafel es la más común en el resto del país. La stroopwafel industrial se vende en toda Holanda, pero en Gouda aún es posible comprarla recién hecha, caliente, en puestos y panaderías.
Una costumbre conocida es poner la stroopwafel sobre la taza de café o té caliente por unos minutos: el vapor ablanda el jarabe antes de comer.