La pavlova lleva el nombre de la bailarina rusa Anna Pavlova, que hizo una gira por Australia y Nueva Zelanda en 1926 y volvió a Australia en 1929. Es un disco alto de merengue, horneado a baja temperatura hasta formar una corteza seca y crujiente, con el interior suave, parecido al marshmallow. Encima, crema batida y frutas.
La versión australiana de la procedencia tiene lugar y personaje: el cocinero Herbert Sachse, conocido como Bert, del Esplanade Hotel, en Perth, Australia Occidental. Según esa historia, en 1935 él habría creado el dulce para la merienda del hotel, y alguien comentó que era ligero como Pavlova. La versión se repitió durante décadas.
La investigación de la antropóloga Helen Leach, de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, cuestionó esa versión. Ella reunió cientos de recetas y encontró pasteles de merengue con el nombre pavlova en publicaciones neozelandesas anteriores a 1935. Leach también mostró que el postre evolucionó poco a poco, con recetas intercambiadas entre cocineras de los dos países. La disputa sigue siendo motivo de orgullo nacional en ambos lados, y por eso la pavlova representa a Australia entera, y no a una ciudad.