Las habichuelas con dulce son el postre que anuncia la Cuaresma en la República Dominicana. Desde el Miércoles de Ceniza empiezan a aparecer las ollas en las casas, y el Viernes Santo el dulce se sirve de postre después de un almuerzo sin carne, a base de pescado o bacalao. Es costumbre preparar grandes cantidades y compartirlas con vecinos y familiares.
La elaboración es laboriosa. El frijol rojo se cocina hasta quedar tierno, se bate y se cuela; la crema vuelve al fuego con leche de coco, leche evaporada, azúcar, canela, clavo, jengibre, una pizca de sal, cubos de camote y pasas. El resultado es una crema dulce y espesa, que se sirve caliente o fría, con galletitas dulces por encima.
El origen no está definido. La versión más aceptada es la del historiador José G. Guerrero, director del Museo de Historia y Geografía: el militar francés Dorvo Soulastre, que llegó a Santo Domingo en 1798, registró, días antes del Domingo de Ramos, unos frijolitos azucarados servidos “a la francesa”. Otras versiones hablan de influencias africanas, canarias y de otras partes del Caribe.
El dulce es una especialidad de la República Dominicana. Hay variaciones regionales: algunas familias dejan los granos enteros, otras reemplazan las galletitas por casabe tostado, y en el sur existen versiones con habas o guandules.