La caipirinha se prepara en el vaso en que se va a servir. El limón, generalmente el tahití, se corta en gajos, con o sin la parte blanca del centro, y se machaca con azúcar hasta soltar el jugo. Luego se añade la cachaça, el destilado de caña de azúcar, y bastante hielo, en cubos o picado. Se revuelve y se sirve sin colar, con los trozos de limón en el fondo. El resultado es ácido, dulce y fuerte a la vez, y cada bar y cada casa tiene su punto: más o menos azúcar, limón con o sin la parte blanca, hielo entero o molido.
Pocas bebidas tienen definición en ley. El reglamento federal de bebidas, aprobado por el Decreto 12.709, del 31 de octubre de 2025, dice en el artículo 74 que la caipirinha es la bebida típica de la República Federativa de Brasil, con graduación alcohólica de 15% a 36% en volumen, elaborada con cachaça, limón y azúcar. El texto se refiere a la caipirinha industrializada, vendida lista en botella, pero repite una definición que ya figuraba en los reglamentos anteriores, de 2003 y de 2009.
El origen no cuenta con documento. Las versiones más difundidas la sitúan en el interior de São Paulo, a comienzos del siglo XX, ora como bebida de hacienda, ora como remedio casero hecho con limón, ajo y miel, que habría perdido el ajo y ganado azúcar y hielo. Ninguna de ellas está comprobada. El nombre es diminutivo de caipira, palabra usada para el habitante del campo.
De la costa al interior, la caipirinha está en la carta de bares, quioscos de playa, restaurantes y fiestas familiares. La misma técnica sirve para otras frutas, como maracuyá, fresa, kiwi o cajú, y para otros destilados: con vodka, la bebida suele llamarse caipiroska, y con sake, sakerinha. Según la definición del reglamento, sin embargo, caipirinha es solo la de cachaça con limón. Es una bebida fuerte, que se bebe despacio, preferentemente con comida.