El Torrontés es el vino blanco más asociado a Argentina. Nace de la uva Torrontés Riojano que, según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, con alto grado de probabilidad es descendiente de un cruce entre la Moscatel de Alejandría y la Criolla Chica, uva traída en el período colonial. Por eso se la trata en el país como cepa autóctona. Existen también el Torrontés Sanjuanino y el Mendocino, variedades distintas, pero el Riojano responde por la gran mayoría de los viñedos.
Cafayate, en el sur de los Valles Calchaquíes, en la provincia de Salta, es la ciudad más ligada a este vino. Los viñedos del valle están por encima de 1.700 metros, con días de sol fuerte, noches frescas y poca lluvia. Según enólogos de la región, esa diferencia de temperatura entre el día y la noche realza los aromas de la uva. El turismo oficial de Argentina llama al valle la casa oficial de la variedad.
El vino suele tener perfume intenso, floral y de frutas blancas, que recuerda a la Moscatel, con boca seca y acidez equilibrada. Se sirve frío, como aperitivo o con platos ligeros, pescados y mariscos, y combina con la cocina del noroeste, como las empanadas y la humita. También hay versiones dulces y espumantes.
En Cafayate, la ruta del vino de altura reúne bodegas grandes y pequeñas, y muchas reciben visitantes para conocer los viñedos y probar el vino. Cada año, en octubre, la ciudad organiza la Semana del Torrontés de Altura, evento turístico y cultural dedicado a la uva, con degustaciones y actividades en torno al vino.
El Torrontés Riojano lleva el nombre de la provincia de La Rioja, donde también es emblema, y se cultiva además en Mendoza, San Juan y otras provincias. Cada región le da al vino un estilo propio. Disfrútalo con moderación.