El alfajor es el dulce de bolsillo más popular de Argentina: dos discos de masa unidos por un relleno, generalmente dulce de leche, muchas veces bañados en chocolate. En la provincia de Córdoba, en el centro del país, adquirió una versión propia, el alfajor cordobés, clásico recuerdo de viaje de quien visita las sierras.
La masa del alfajor cordobés es más blanda y clara que la de otros alfajores y lleva bastante miel, que aporta humedad y sabor. El relleno tradicional es de dulce de fruta, como membrillo, pera o durazno, aunque también es común la versión con dulce de leche. Lo que lo identifica a simple vista es la cobertura: una película fina de glaseado blanco, de azúcar, en lugar del baño de chocolate.
El glaseado y la miel ayudan a conservar el alfajor durante semanas, lo que favoreció la costumbre de llevarlo como regalo. Productores de las sierras de Córdoba cuentan que la miel proviene de la propia región.
Córdoba cuenta también con la Fiesta Nacional del Alfajor, que se realiza cada año en octubre en la ciudad serrana de La Falda, con un concurso que tiene una categoría específica para el alfajor regional cordobés. La edición de 2015 fue declarada de interés por la Cámara de Diputados de la Nación.
En la provincia, la tradición de los dulces se asocia a la herencia colonial y a las escuelas y conventos de los jesuitas, numerosos en Córdoba. El alfajor cordobés se elabora en varias ciudades de las sierras, como La Falda, Villa Carlos Paz y Alta Gracia, y en la capital provincial.