El tereré se prepara con yerba mate, como el mate, pero con agua fría. La yerba se pone en una guampa, un vaso de cuerno, madera, metal o calabaza, y el agua viene de una botella térmica llena de hielo, muchas veces ya con hierbas. Se bebe por la bombilla, la pajilla de metal con filtro. Quien sirve llena la guampa, la pasa a una persona de la rueda, la recibe de vuelta y sirve a la siguiente, siempre en el mismo orden. Es la bebida del calor, presente en casas, oficinas, plazas, obras y viajes.
Lo que distingue al tereré paraguayo son los pohã ñana, los remedios del monte en guaraní: hierbas y raíces frescas machacadas en el mortero y mezcladas con el agua, como menta-peperina, citronela (capim-limão), cedrón, hoja de coco, burrito, jaguarete ka'a y muchas otras. Las combinaciones forman parte de un saber tradicional transmitido de generación en generación, con papel central de las mujeres. Las yuyeras, vendedoras de hierbas, machacan las mezclas al momento en los mercados y en las esquinas.
En 2020, las prácticas y los conocimientos tradicionales del tereré en la cultura del pohã ñana, bebida ancestral guaraní en el Paraguay, ingresaron en la lista de patrimonio cultural inmaterial de la humanidad mantenida por la UNESCO. Fue el primer elemento paraguayo en la lista. El expediente describe la práctica como difundida en todo el territorio, entre personas de todas las edades y condiciones, y la Secretaría Nacional de Cultura destaca la transmisión de los conocimientos desde el siglo XVI.
La yerba mate es nativa de la región, y la costumbre de tomarla fría cruzó fronteras. El tereré también se consume mucho en el noreste de Argentina y en el Mato Grosso do Sul, en Brasil, adonde llegó con trabajadores y familias venidos del Paraguay y adquirió modos propios, a veces con jugo de frutas. La inscripción en la UNESCO corresponde al Paraguay, pero la ronda de tereré es compartida por los tres lados.