El norte de Nuevo México guarda tres capas de historia: los pueblos indígenas, habitados durante siglos a la orilla del río Grande; la colonización española, que llegó a fines del siglo XVI; y la anexión a Estados Unidos, en 1848. Las casas de adobe, las iglesias de misión, la cocina con chile verde y rojo y el español en los nombres de las calles proceden de esa mezcla.
Santa Fe, fundada por los españoles alrededor de 1610, es la capital estatal más antigua del país y una de las más altas, a unos 2.100 metros. El centro, alrededor de la Plaza y del Palacio de los Gobernadores, se ha preservado en estilo adobe y reúne museos, iglesias y, en Canyon Road, decenas de galerías. El Museo Georgia O'Keeffe recuerda a la pintora que vivió y trabajó en la región.
Al norte, Taos es una pequeña ciudad de artistas junto a las montañas Sangre de Cristo. A pocos kilómetros está el Taos Pueblo, un conjunto de casas de adobe de varios pisos habitado desde hace cerca de mil años, inscrito por la UNESCO como patrimonio mundial.
Albuquerque, la ciudad más grande del estado, a aproximadamente una hora al sur de Santa Fe, es la puerta de entrada aérea. Tiene la ciudad vieja española, el Indian Pueblo Cultural Center, el teleférico que sube a las montañas Sandia y, cada mes de octubre, el festival internacional de globos, con cientos de globos en el cielo de la ciudad.
Este destino reúne 3 ciudades: Alburquerque, Santa Fe, Taos.