En el oeste de Eslovenia, donde los Alpes descienden hacia la llanura del Friul, hay dos paisajes vinícolas separados por Nova Gorica. Al norte y al oeste de la ciudad, las colinas de Goriška Brda, contiguas a la frontera italiana, alternan viñedos, huertos y aldeas en las cimas de los cerros. Al este, el valle del Vipava se abre entre la meseta de Trnovo, el Nanos y el Carso, con un clima mediterráneo marcado por el viento bora.
Nova Gorica nació tras 1947, cuando el tratado de paz dejó Gorizia en Italia y la nueva frontera separó la ciudad antigua de la estación ferroviaria y de los suburbios del este. Hoy las dos ciudades forman una sola área urbana, unidas por la plaza Trg Evrope, frente a la estación. Alrededor están el monasterio de Kostanjevica, con las tumbas de los últimos reyes Borbón de Francia, la basílica de Sveta Gora, en lo alto de un cerro de 682 metros, y el puente de Solkan, cuyo arco de piedra sobre el Soča es el mayor del mundo en una puente ferroviaria.
En Goriška Brda, Dobrovo, sede del municipio, tiene un castillo renacentista con la galería del pintor Zoran Mušič, y Šmartno conserva murallas y torres de la época en que fue fortaleza fronteriza. La región es conocida por la rebula, un vino blanco local, y por las frutas, como la cereza. En el valle del Vipava, la ciudad de Vipava nace de un conjunto de fuentes que forman el río, y la pequeña Vipavski Križ guarda, dentro de las murallas, un monasterio capuchino con biblioteca antigua. Uvas como la zelen y la pinela son propias del valle.
Este destino reúne 3 ciudades: Nova Gorica, Dobrovo, Vipava.