El Finistère es el departamento más occidental de Bretaña, una punta de tierra rodeada por el Atlántico y el Canal de la Mancha. El nombre viene del latín y significa fin de la tierra. La costa alterna bahías resguardadas, acantilados de granito y pequeños puertos pesqueros, y la lengua bretona aún aparece en los carteles y en los nombres de lugar.
Douarnenez está en el fondo de la bahía homónima, en el sur del Finistère. Fue uno de los grandes puertos de la sardina en Francia, con decenas de fábricas de conservas a comienzos del siglo XX, y la ciudad conserva esa memoria en sus tres puertos: el Rosmeur, el viejo puerto pesquero con casas de colores; el Port-Rhu, donde está el puerto-museo de barcos; y Tréboul, al otro lado del estuario.
El puerto-museo reúne barcos de trabajo de todo el mundo, algunos visitables a bordo, y cuenta la historia de la pesca y de las conservas. Sobre el Rosmeur, el yacimiento de Plomarc'h, con campos, bosques y estanques de salazón de la época romana, muestra que la bahía ya vivía del pescado hace casi dos mil años.
A pocos kilómetros está Locronan, villa de casas de granito alrededor de la plaza de la iglesia, enriquecida por el comercio de lona para velas entre los siglos XV y XVII. Más al oeste, la Pointe du Raz se adentra en el mar, frente a la isla de Sein, en uno de los cabos más conocidos de Bretaña.
Douarnenez también es la ciudad del kouign-amann, el pastel de masa de pan, mantequilla y azúcar caramelizada en el horno.
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