Genebra se encuentra en el extremo suroeste de Suiza, donde el río Ródano sale del lago Léman. El cantón está casi todo rodeado por Francia, y desde los muelles se ven el Salève y, en días despejados, el macizo del Mont Blanc. Se habla francés; el inglés es muy usado por las organizaciones internacionales.
En lo alto de la colina está la Vieille-Ville, con la Cathédrale Saint-Pierre, la Maison Tavel y la Place du Bourg-de-Four. En el siglo XVI, Juan Calvino convirtió la ciudad en un centro de la Reforma protestante, recordado en el Mur des Réformateurs, en el Parc des Bastions. Abajo, a orillas del lago, están el Jardin Anglais con el reloj de flores, los Bains des Pâquis y el Jet d'Eau, el chorro que se ha convertido en símbolo de la ciudad.
En la margen derecha, el barrio de las organizaciones internacionales reúne el Palais des Nations, sede de la ONU en Europa, la Broken Chair, el Musée international de la Croix-Rouge et du Croissant-Rouge y el Musée Ariana. Más adelante están el Jardin botanique, el Parc La Grange con su rosal, y, en Meyrin, el CERN – Science Gateway, centro de visitas del laboratorio de física de partículas.
La tradición relojera aparece en el Patek Philippe Museum, cerca de la Plaine de Plainpalais, donde hay feria de segunda mano dos veces por semana, y en las colecciones del Musée d'art et d'histoire. Al otro lado del río Arve, Carouge conserva el trazado de una ciudad construida por el Reino de Cerdeña en el siglo XVIII.
Se paga en franco suizo: Suiza no usa el euro, aunque Francia esté a pocos kilómetros.
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