El suroeste de la República Dominicana es la parte menos visitada y más salvaje del país. Entre Barahona y la frontera, la Sierra de Bahoruco desciende hasta el mar Caribe en una costa de acantilados, playas de piedra blanca y ríos de agua fría que nacen en la montaña y llegan a la arena. El paisaje cambia rápido: bosque húmedo en las laderas, cactus y monte seco en las llanuras, salinas y lagunas.
La carretera de la costa, al sur de Barahona, pasa por aldeas de pescadores y por playas donde el río encuentra el mar, como San Rafael y Los Patos, con piscinas de agua dulce junto a las olas. Es también la región del larimar, la piedra azul que solo existe aquí y se extrae en las montañas sobre la costa.
Más al oeste, la provincia de Pedernales guarda la Bahía de las Águilas, una de las playas más aisladas y preservadas del Caribe, accesible en barco o por camino de tierra, dentro del Parque Nacional Jaragua. En la Sierra de Bahoruco, el Hoyo de Pelempito es una depresión enorme cubierta de monte. En el interior, el Lago Enriquillo queda a más de 40 metros bajo el nivel del mar, con agua salada, cocodrilos americanos, iguanas-rinoceronte y flamencos.
Es un destino para quienes gustan de carretera, naturaleza y lugares poco concurridos, aceptando alojamientos sencillos y distancias largas.
Este destino reúne 4 ciudades: Santa Cruz de Barahona, Paraíso, Pedernales, La Descubierta.