Chiloé es un archipiélago en el sur de Chile, en la Región de Los Lagos. La Isla Grande, la más grande, está justo al sur de Puerto Montt, separada del continente por el Canal de Chacao, que se cruza en transbordador. El clima es oceánico: llueve en cualquier mes, el verde es intenso y el mar marca el ritmo de la vida en las villas de pescadores.
Castro, en el centro de la isla, es la base para la mayor parte de las excursiones. En la Plaza de Armas se encuentra la Iglesia de San Francisco, de fachada amarilla y lila, una de las iglesias de madera de Chiloé inscritas como Patrimonio Mundial de la UNESCO. En los límites de la ciudad, los palafitos de Gamboa y de Pedro Montt suben y bajan según la marea. En el Parque Municipal, el Museo de Arte Moderno de Chiloé exhibe arte contemporáneo chileno.
Cerca de Castro están Dalcahue, con una iglesia de pórtico en arcos y una feria de artesanía a orillas del canal, y Achao, en la Isla Quinchao, donde la iglesia de Santa María de Loreto conserva un interior de madera tallada de la época de los jesuitas. Al otro lado de la isla, en la costa del Pacífico, se encuentran el Parque Nacional Chiloé, con acceso por Cucao, y el Muelle de las Almas, una pasarela de madera en lo alto de un acantilado.
Ancud, en el norte, fue la última plaza española en América del Sur y conserva los cañones del Fuerte San Antonio. El Museo Regional de Ancud relata la historia del archipiélago. A poco menos de 30 km, los barcos de la caleta de Puñihuil rodean islotes donde anidan pingüinos de Humboldt y de Magallanes, y al sur el valle de Chepu reúne río, humedal y bosque hundido.
La cultura chilota se refleja en la mesa y en las conversaciones. El curanto, guiso de mariscos, carnes y papas cocido sobre piedras calientes, es el plato de la isla. Los habitantes cuentan historias del Caleuche, el barco fantasma, y de la Pincoya, espíritu del mar, que forman parte de la tradición oral del archipiélago.
Este destino reúne 2 ciudades: Castro, Ancud.