Lima está en la costa central del Perú, en un tramo de desierto atravesado por el río Rímac, con el océano Pacífico a un lado y las primeras estribaciones de los Andes al otro. Fundada por el español Francisco Pizarro en 1535 como Ciudad de los Reyes, fue la capital del Virreinato del Perú y el centro del poder español en Sudamérica durante casi tres siglos. Hoy concentra cerca de un tercio de la población del país y es la puerta de entrada de casi todo viaje al Perú.
El centro histórico, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1988, gira en torno a la Plaza Mayor, con la Catedral, el Palacio de Gobierno y el Palacio Municipal, y se extiende por calles de casonas con balcones de madera cerrados, las famosas sacadas limeñas. A pocas cuadras están el Convento de San Francisco, con las catacumbas y la biblioteca antigua, y la iglesia de Santo Domingo. Más al sur, el Parque de la Reserva guarda el Circuito Mágico del Agua, y el Parque de la Exposición, el Museo de Arte de Lima.
La Lima anterior a los españoles aparece en medio de la ciudad: la Huaca Pucllana, una pirámide de adobe de la cultura Lima, ocupa una manzana entera de Miraflores, y el Museo Larco, en Pueblo Libre, muestra milenios de cerámica, oro y tejidos precolombinos. A 30 km al sur, el santuario de Pachacamac fue uno de los mayores centros de peregrinación de la costa durante más de mil años.
Miraflores y Barranco, al borde de los acantilados, son los barrios donde la mayoría de los viajeros se aloja: el Malecón tiene parques y ciclovía sobre el mar, y Barranco mezcla casonas de principios del siglo XX, murales y galerías alrededor del Puente de los Suspiros. La cocina forma parte del viaje: ceviche, tiradito, causa y el pisco sour se sirven en toda la ciudad.
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