Verona está en el Véneto, a orillas del río Adigio, en el camino entre Milán y Venecia. El centro histórico, Patrimonio Mundial de la Unesco, conserva una arena romana del siglo I aún usada para ópera, plazas medievales y las iglesias románicas y góticas erigidas en la época de los Scaligeri, la familia Della Scala que gobernó la ciudad en los siglos XIII y XIV. Es también la ciudad donde Shakespeare ambientó Romeo y Julieta.
A unos 30 kilómetros al oeste comienza el Lago de Garda, el más grande de Italia. Sus orillas se reparten entre tres regiones: Lombardía al oeste, el Véneto al este y el Trentino-Alto Adigio al norte. En el sur, donde el lago es ancho y está rodeado de colinas, se encuentra Sirmione, en una península estrecha con un castillo rodeado de agua y las ruinas de una gran villa romana.
Subiendo por la orilla este, la carretera Gardesana atraviesa pueblos de pescadores hasta Malcesine, al pie del Monte Baldo, con otro castillo de los Scaligeri y un teleférico que sube casi 1.800 metros. En el extremo norte, donde el lago se estrecha entre paredones de roca, Riva del Garda tiene plazas de aire austríaco, una fortaleza en el agua y una cascada que corre dentro de una garganta.
En temporada, los barcos de Navigazione Laghi conectan las villas de las orillas y son una forma de ver el lago sin enfrentarse al tráfico de la Gardesana.
Este destino reúne 4 ciudades: Verona, Malcesine, Riva del Garda, Sirmione.